viernes, 7 de marzo de 2008

Textos Libres. Lluis (4)

Desde que se inventó, la Radio ha sido sinónimo de libertad. Gracias a ella se han expresado generaciones enteras, se han difundido algunas informaciones vetadas por los demás medios, se han alentado las insurrecciones e incluso se han evitado los golpes de Estado. Lluis nos cuenta su participación en una de aquellas radios que escuchábamos los jóvenes de entonces. Y es que por aquellos años había un abismo entra las generaciones. Las radios libres estaban en nuestro terreno, hablaban de nuestros problemas y permitían que algún despistado se diese cuenta de que el mundo tenía muchos colores. Ya dijimos que quien quiera puede contar sus experiencias durante la Transición y publicarlas en este blog. Basta con enviar el escrito a: cgalianoroyo@gmail.com


No todo fue maravilloso en aquella época. Ni tampoco todo fue horrible. Vivimos, como en todas las épocas, momentos buenos y momentos malos, pero el hecho de no tener la libertad que deseábamos nos hacía ser más «combativos» y menos dóciles. A muchos de nosotros nos unía una común y gran capacidad creativa. Implicados, quien más quien menos, en un sinfín de proyectos (inútiles para algunos, aunque altamente satisfactorios para nosotros).

Como ya he dicho, tantas limitaciones, tanta represión, no pudieron con nuestras ansias de demostrar lo que éramos, lo que queríamos y de lo que éramos capaces (en cierta manera también para superar una cierta etiqueta de «pasotas» cuando se nos comparaba con las «luchadoras» generaciones anteriores). Éramos muy sensibles a no aceptar nada que nos limitara, que no nos permitiera expresarnos libremente y a nuestro modo (que, evidentemente, no era el mismo que el de nuestros hermanos mayores). Creo que se trataba de una opción personal, más autónoma. Conseguir la libertad del todo, luchando con intensidad por la de la parte (por la que nos tocaba a nosotros). Y eso no era «pasar de todo». Era todo lo contrario... ir a por todas.

Entre nosotros mucha gente andaba metida en muchas actividades creativas: grupos musicales, fanzines, radios, cómics, teatro amateur, fotografía, poesía, creación artística diversa...

La abuela de uno de mis mejores amigos de entonces, Rafa, decía siempre que yo tenía voz de locutor de radio. Fue Rafa, precisamente, el que me convenció (a pesar de la vergüenza que me daba... dichosa timidez) para entrar en RMC, una emisora que se estaba creando en nuestra ciudad.

En realidad era, más que nada, una asociación de amigos unidos por la necesidad de expresarse y de hacer cosas diferentes, rompiendo los moldes establecidos de la radio de «siempre». Recuerdo la primera sintonía de nuestro primer programa nocturno: un curiosísimo tema de Flying Lizards (Lagartos Voladores): Mandeley Song. Recuerdo aquellas tardes de trabajo en los guiones (textos literarios sacados de libros que nos gustaban y que iban del Señor de los Anillos al Ulises de Joyce, pasando por Pablo Neruda o Julio Cortázar y llegando a Alfred Jarry o Quim Monzó); seleccionando la música para acompañar a las palabras en aquel pequeño estudio aislado al estilo casero (con cajas de huevos pintadas), lleno de humo y botellas de cerveza.

Era una radio «Libre», una radio «prohibida»; y estar allí, por lo menos, era emocionante (y más siendo, como éramos, menores de edad la mayoría de nosotros). No éramos, evidentemente, profesionales; pero nos entregábamos como si lo fuéramos, emulando a nuestros ídolos de Radio 3: Jesús Ordovás, Rafael Abitbol. Diego A. Manrique…

Y al programa iba quien quería y tuviera algo que expresar: a leernos una poesía, expresar una opinión con absoluta libertad, organizar una tertulia junto a unos amigos, cantar una canción con una guitarra acústica, leer un texto propio, publicitar la salida de un fanzine o anunciar un concierto de rock...

Entre aquellas cuatro paredes, en un ambiente tan bohemio, por unas horas nos sentíamos (y creo que lo éramos) realmente libres. Libres de nuestras opiniones y receptores y altavoces de las de los demás.

La policía localizaba nuestra señal y, a menudo, se presentaban en la radio para interrumpir las emisiones y echarnos del local. Nosotros no éramos como «Radio Pica» de Barcelona, que emitía desde un vehículo para no poder ser localizada. Si eso ocurría, tras discutir y cabrearnos, cerrábamos... pero regresábamos al día siguiente o en cuanto podíamos (no siempre era tan fácil) para continuar emitiendo. En alguna ocasión, la policía (asqueada de que no les hiciéramos ni el más mínimo caso) precintó el local e incluso en una ocasión decomisó todo el equipo y parte del material musical para evitar que continuáramos. En esos casos estábamos un corto periodo de tiempo sin emisión, buscábamos un nuevo local y empezábamos de nuevo.

Durante muchos años, y hasta que la emisora se normalizó, hicimos realidad nuestros sueños de mantener viva una de las pocas emisoras libres de nuestro país, haciendo además realidad un deseo compartido por mucha gente de nuestra ciudad (disponer de un medio no manipulado ni política ni económicamente por nadie y regido como un colectivo cultural).

Siempre recordaré a todos los que ayudaron a mantener vivo (contra viento y marea) aquel sueño; especialmente a Rafa, a Marià, a Marisé, a Jordi B., a la gente del Popola...

Un sueño que hoy sigue vivo, a pesar de no tener nada que ver con el de entonces. Un sueño que hoy, ya institucionalizado, continúa luchando por ser «diferente».

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Rafa el batería... o era bajista? No batería. Dale un abrazo.

Anónimo dijo...

Va a ser difícil, Fernando. Rafa murió.

Anónimo dijo...

Otro!

Anónimo dijo...

Joer, Lluís. Lo siento, no lo sabía. Pero...¿era batería, o bajista?

Anónimo dijo...

Rafa tenía una strike 125 que flipabas!
q.e.p.d.
y una montaña con avellanos,... y avellanas.
Buena gente.
Jose

Anónimo dijo...

Rafa golpeaba la bateria a todas horas (cuando no la tenia, seguia el ritmo sobre sus piernas con las palmas de las manos o sobre cualquier otro lugar o parte del cuerpo). Hacia ruidos con la boca e imitaba sonidos a todas horas. Para los que no le conocian, era com el Chayane, fisicamente (pero en enrollado). Y era uno de los mejores tios que ha parido madre. Se fué injustamente (como tantos otros), pero resulta imposible olvidarle.